Incertidumbre incierta de pálidas manos, de torpe caminar, anida en mi mente. Teje y desteje interminables telas de araña, inciertas, en inciertos lugares. Ni un sonido de tu voz, ni una caricia más.
Incertidumbre incierta de huesos cansados que anida en mi pecho; y mi boca ávida de preguntas y mi mente ávida de respuestas... y el vacío y la existencia plena y el pleno uso de mis facultades: incierta medida del amor desmedido.
Lejos, lejano el horizonte limpio. Niebla y cadenas, sonidos de cerrojos oxidados. Llaves que caen al suelo.
Inciertamente incierto lo que anida en la mente del desprotegido.
El desamparo inciertamente aparece y nubla la mirada con saladas gotas de un mar incierto que ruge en algún incierto rincón de la geografía de mi cuerpo.
Y de pronto el relámpago, un parpadeo instantáneo que coloca la mirada en inciertos lugares lejos de la luz; y el trueno que vibra en los huesos, en el cráneo que parece va a estallar.
Y la incertidumbre despierta plena y se extiende e invade, enreda y estalla en mil fuegos artificiales.
Y la luz encandila y devuelve a la mirada el calor, y otros ojos te observan la incertidumbre que plantada como un guardián ante las puertas del infierno sonríe, y se ríe porque aún no has encontrado respuestas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario