No era ese el problema, tampoco era el fin del mundo pero me quedaba mi mundo con una esquina rota.
Como una mesa sin patas, un tren detenido frente a un andén vacío.
Así de lejos y de cerca estaba de encender una luz en el ático de tu mente.
Ya no hay tiempo, el reloj se detuvo a la hora de partir. Los sentimientos descongelados empiezan a sentir la quemazón del hielo que los envuelve otra vez.
No hay nada podrido, el verdor que aparece ante mis ojos es del fruto que no llegó a madurar. El pimpollo que no pudo florecer porque lo mató la helada.
Habría que cerrar las puertas, trancar las ventanas y apagar el fuego.
Recoger los pedacitos de las ilusiones rotas y jugar a armar un rompecabezas al que siempre le va a faltar una pieza.
Ser fuerte, construir, comer, dormir, caminar... caminar hasta gastar los zapatos, los pies, las piernas, el cuerpo.
Caminar con o sin metas, destino, faros guía u horizonte despejado. Caminar para encontrarse, encontrarte, encontrarnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario