De vez en cuando es necesario dejar que la lluvia nos moje. Sacarse el impermeable, cerrar el paraguas.
Entregarse por completo al escalofrío repentino que provoca el deslizar de las gotas frías por el cuerpo que perderá de a poco su temperatura con cada exhalación. Con el vapor del aliento se libera.
De todas formas, el calor no tardará en llegar.
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