Las cortinas cerradas, persianas descascaradas
rota la cerradura, la sinapsis,
herrumbrados los engranajes del cerebro.
El alcohol que anestesia,
distorsiona tu percepción y entonces,
imaginás morir con los ojos abiertos;
sin ver ni sentir nada,
mientras el cielo bautiza la ciudad
y apedrea a los pecadores
con grandes trozos de hielo.
Todo se vuelve lento y amarillo
borroso, saturado y salado
Rotos los cristales que lo coloreaban todo
Lejos de tu cuerpo,
te arden los ojos que ya no miran
y despertás de ese sueño profundo
igual de inválido que ayer;
y cerrás las puertas
sabiendo que
eso no te va a salvar.
que no hay escapatoria posible.
no hay encierro posible que te aleje,
que te distancie...
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