Y así quedan y quedarán en éste mundo miles y miles de historias descartadas. Amantes o no, que permanecerán haciendo dedo. Helados en el andén. Perdidos. Al margen. Mirando la realidad a través de una fina capa transparente que es imposible de atravesar. El aire es más denso de su lado del espejo. Eternamente condenados a convivir con todos sus posibles reflejos, mitades de la mitad que está del otro lado, aguardan morir succionados por las bocas del tiempo.
Las huellas que han podido dejar duran un instante sobre la arena mojada hasta que la marea se las lleva. Todavía no saben de qué lado quieren quedarse.
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